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Todos los seres humanos estamos expuestos a diferentes niveles de estrés y de presión durante el día, por lo tanto, aprovechar las horas del descanso deberían de ser una prioridad para recargar energía y poder enfrentar los retos del día siguiente con claridad, animo y buena actitud después de haber tenido un sueño reparador.

El insomnio es uno de los motivos de consulta más frecuentes en atención primaria y además, uno de los síntomas que comparten prácticamente todos los trastornos psicológicos.

Al igual que ocurre con otros problemas que son muy frecuentes en nuestra sociedad (como la  ansiedad o la depresión), muchas personas utilizan el término insomnio de forma incorrecta. Por ejemplo, tener problemas para dormir un día o dos no es tener insomnio, o estar muy estresado y no poder dormir correctamente tampoco se identificaría con este trastorno del sueño. En este último caso más bien estaríamos bajo un proceso de estrés que tiene como síntoma el insomnio.

Como vemos, existen ciertas especificaciones que son imprescindibles para comprender este problema, evaluarlo y diseñar el tratamiento. Veamos a continuación cada uno de estos aspectos.

¿Qué es el insomnio?
El insomnio es formalmente denominado como insomnio primario, un trastorno del sueño en el que se aprecian las siguientes características:

  • Durante al menos cuatro semanas la persona experimenta una dificultad persistente para dormir.
  • La dificultad se puede experimentar durante el inicio del sueño, el mantenimiento, la finalización o la sensación de sueño no reparador (dormir pero no descansar).
  • No existe ninguna causa orgánica (traumatismo craneoencefálico, demencia, ictus) ni médica/fisiológica que pueda explicar el insomnio (consumo de drogas, medicación, enfermedad médica que curse con insomnio).
  • Tampoco existe ningún trastorno psicológico como por ejemplo ansiedad o depresión. Porque en estos casos estaríamos frente a un diagnóstico de trastorno de ansiedad u otro trastorno (con síntomas de insomnio relacionado con otro trastorno mental según el DSM-5).

De este modo, existen tres tipos de insomnio en función del momento en el que la persona experimenta dificultad para dormir:

  • Insomnio de conciliación o de inicio.
  • Insomnio de mantenimiento o sueño fragmentado.
  • Insomnio tardío o despertar precoz.

Por tanto, para poder decir que tenemos insomnio (estrictamente hablando), es necesario que cumplamos con los criterios diagnósticos descritos anteriormente. Si tenemos otro trastorno o problema que cursa con insomnio, el mero tratamiento del trastorno del sueño no acabará con el problema. Se ha de diagnosticar y abordar el trastorno principal para poder acabar con los problemas del sueño. A continuación profundizaremos en los tres tipos de insomnio existentes.

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